Rebeca recordaba las palabras del ángel, y con percepción más clara que su esposo, comprendía el carácter de su hijo. Estaba convencida de que Jacob estaba destinado a heredar la promesa divina, por su carácter y por su preocupación por el clan.
Y es en este contesto que Rebeca lleva su plan acabo. Jacob había oído a su madre referirse a la indicación divina de que él recibiría la primogenitura, y desde entonces tuvo un deseo indecible de alcanzar los privilegios que ésta confería.
No era la riqueza lo que Jacob ansiaba del padre; el objeto de su más anhelos era simplemente y llanamente la primogenitura espiritual. Es decir, tener comunión directa con Dios, como la tuvo Abraham, y ofrecer el sacrificio vespertino y matutino, que simboliza el sacrificio de Cristo en la cruz,
Sus pensamientos se dirigía constantemente hacia el porvenir, y trataba de comprender sus bendiciones invisibles. (P.P. p. 176).
Esta lucha entre los dos hermanos, me trae a la memoria las dos clases de personas oh grupos que habrá en el tiempo del fin oh el fin del tiempo. Mucho se ha escrito sobre lo que va acontecer en el próximo milenio. Falsos profetas se levanta por doquier, solo para llenar sus bolsillos de grandes ganancia a través de hombres y mujeres humildes, pero todos ellos tendrá su fin.
La cristiandad se dividirá en dos grandes grupos: A igual que Jacob y Esaú representa dos grupos de adorar a Dios, así habrá dos grupos, los que guarden el Sábado y el domingo. Los que representa a Jacob, serán perseguidos, al igual que el, ya que no podía ir a ver a su madre porque Esaú lo había sentenciado a muerte.
Los que representa a Esaú, serán la gran mayoría, que oprimirán despreciaran, y acusaran y incluso perseguirán a aquellos que no guardan las leyes del mundo.