martes, 8 de agosto de 2017

SECCIÓN CVII (107) ABRAHAM Y LAS DOS NACIONES.


CONTINUACCIÓN DE LA SECIÓN CVI (106)
No era en este caso tanto el hermano, que iba en contra del hermano, sino el hombre que se debatía con Dios.
En esta soledad nocturna, nos encontramos muchos de nosotros frente a un Dios compasivo. Esta es la triste realidad del hombre ante nuestro Dios. 

En muchas ocasiones el viene a ayudarnos, pero el hombre debe tener una predisposición hacia Dios. En está situación la Agonía, es decir “la lucha”, no de muerte. Armado de su fe “lucho con Dios”. 

El antagonista de Jacob no era un ser humano ni un ángel común se infiere de que Jacob habló de él como de Dios (ver 30). Osea dice: En el seno materno tomo su calcañar a su hermano, y con su fortaleza venció al ángel. Venció al ángel, en Bet-el le hallo, y allí hablo con nosotros. 

Este visitante celestial no era otro sino Cristo (PP 196-197). Notemos que este pasaje se refiere al profeta Jeremías cuando dice: ¡Ah, cuan grande es aquel día! Tanto que no hay otro semejante a él. Tiempo de angustia para Jacob; más de ella será librado. [esto se refiere a las escenas finales del pueblo de Dios].

Ese es el tiempo que pasara los hijos de Dios antes de la segunda venida de Cristo. Entonces el tiempo no sera más. La misma experiencia que paso Jacob, es la misma experiencia que pasará los hijos de Israel espiritual. Jacob quedo solo. En las montañas o en el desierto la oscuridad es grande y más si no hay luna llena. 

El luchador desconocido empleó únicamente la fuerza de sus manos, y lucho con Jacob. Había decidido pasar la noche en oración, deseaba estar asolas con Dios, quien podía apaciguar el corazón de Esaú. Era la medianoche (0,0./h) Oscuridad, lugar de saqueadores, malhechores y asesinos. (Se les conoce hoy día ). Todo lo que le hacía apreciar la vida estaba lejos y expuesto al peligro y la muerte. 

Pero la conciencia es lo único que posee el hombre para tener el recuerdo de su pecado, y ese pecado le amargaba era el pensamiento de que su propio pecado había traído este peligro sobre los inocentes. LA MANO INVISIBLE. De pronto sintió una mano fuerte sobre él. 

Creyó que era un enemigo (forajido) que atentaba contra su vida, y trató de librarse de las manos de su agresor. En las tinieblas de la noche los dos lucharon por predominar. 
No se menciono una sola palabra, pero Jacob desplegó toda su energía y ni un momento cejó en su esfuerzos. 

Mientras así luchaba por su vida, el sentimiento de su pecado pesaba sobre su alma; sus pecados surgieron ante él, para alejarlo de Dios. 

Pero en su terrible aflicción recordó la misericordia de Dios, y su corazón exhalaba súplica de misericordia. La lucha duro un poco antes del Alba (amanecer), cuando el desconocido tocó el muslo de Jacob, dejándolo incapacitado en el acto.La fe actuo en el, y clamo a Dios.
Maranata
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